Arte, HISTORIA DEL ARTE

LA PREHISTORIA (II)

En el artículo anterior, dejamos al hombre de Cromañón ocupando las tierras de los neandertales y, sin querer, ayudando a su total extinción. A pesar de que en algunas partes intimidaron mucho- pero mucho – debieron tener roces violentos, compitieron por las presas que cazaban, y es posible que el hombre de Cromañón trajera enfermedades de África desconocidas por los neandertales. Lo que sí se sabe a ciencia cierta es que sus herramientas (y armas) eran mucho más perfeccionadas y eficaces que las del neandertal. Por si fuera poco, los cambios climáticos generados por la retirada de los hielos de la última glaciación ya estaban exterminando a los neandertales. Fue una raza adaptada al frio, y si no hay frío… Mala cosa. Se cree que el Neandertal ya estaba extinguiéndose a la llegada del Cromañón, que solo le dio el último empujón. Sea como sea, Cromañón se quedó y Neandertal se marchó para siempre.

El cerebro de Cromañón era tan poderoso como el nuestro, y sus manos, tan hábiles como las nuestras. El lenguaje ya debía estar lo bastante evolucionado para compartir conocimientos, planificar proyectos… Hasta es posible que tuvieran algo parecido a la escritura. Supo sacar partido a todo esto. Cromañón descubrió el arte en, prácticamente, todas sus facetas. No solo pintaba, también esculpía la piedra y el hueso, seguro que se maquillaba, tatuaba, bailaba, tocaba instrumentos musicales y, tal vez, inventaba historias, chistes y cuentos; y no es nada descabellado pensar que ya practicaba algo parecido a la jardinería. Para esto tuvo que pensar mucho y mover las manos más pues, como en todo, para hacer arte hay que aprender y tener las herramientas necesarias. Debió heredar algo del Neandertal, como ya hemos dicho, pero inventó y perfeccionó los primeros instrumentos artísticos: el tambor, la gubia, el pincel y la flauta. También la aguja para coser, casi seguro que ya había moda y tendencias en el vestir. Cromañón evolucionó culturalmente durante miles de años. Esa evolución se materializó en la transformación de sus útiles y en sus manifestaciones artísticas. Solo unas pocas de esas manifestaciones han llegado hasta nosotros.

Los primeros artistas no nos lo pusieron fácil. La misma cueva fue usada durante miles de años, sobreponiendo las pinturas, borrando unas y pintando otras. Hay cuevas que fueron usadas como vivienda, y pintadas, por más de mil generaciones. Las primeras manifestaciones artísticas del Hombre del Cromañón, al menos las que han llegado a nosotros, se remontan a unos 45.000 años atrás, en la fase final del Paleolítico. Nos han llegados dos tipos de arte: el arte parietal (pinturas y grabados en las paredes de las cuevas y salientes rocosos. Y el arte mueble: pequeños objetos de adorno o religiosos, pensados para ser llevados en los viajes. Por supuesto, de maquillaje, tatuajes, canciones, cuentos… no ha quedado nada; como tampoco de su ropa y, en general, cualquier otra cosa que no sea de piedra y hueso. Pero lo que Cromañón nos dejó aún sigue maravillándonos.

Cromañón no era sedentario, aunque tampoco nómada del todo. Seguramente, tenía una casa (en una cueva) permanente, y se desplazaba buscando los animales que cazaba así como las mejores frutas y verduras. Es posible que tuviera dos casas, una para el invierno y otra para el verano. En esos viajes, que podían durar meses, se llevaba, o elaboraba en los momentos de ocio, pequeños y exquisitos objetos artísticos. Se sabe a ciencia cierta  que ya practicaban el comercio a larga distancia, y que viajaban bastante para encontrar compañera o compañero. Enterraban a sus muertos con ofrendas, lo que nos dice que ya creía en la vida después de la muerte. Tal vez, ya tenía sus dioses, sus creencias y sus ritos religiosos. Todo  esto se ha plasmado en su arte o, tal vez, no.

Cueva de Altamira

En realidad, no se sabe muy bien por qué pintaban. El hombre moderno, nosotros, somos muy dados a la religión a lo místico y, claro, creemos que nuestros antepasados tenían las mismas inclinaciones. La teoría más extendida entre la comunidad científica es que Cromañón representaba las presas que quería cazar, en un intento espiritual de que la caza le fuera bien. Debían estar muy unidos a la Naturaleza que les rodeaba por todas partes, y las pinturas eran un intento mágico de unirse a esa Naturaleza. Al mismo tiempo, representaban carnívoros, rogando que leones, leopardos, lobos… les dejaran cazar en paz. Podemos imaginar a un chamán, rodeado de los cazadores que saldrían a cazar de inmediato,  pintando un bisonte en Altamira, mientras canturrea una oración al Padre Cielo y a la Madre Tierra. La verdad es que la escena es chula, pero ¿pasó en la realidad? Bueno, es una idea muy interesante, salvo por un pequeño detalle. Los huesos y otros restos encontrados en las cuevas donde vivían no corresponden a los animales que pintaban. Es decir, en Altamira pintaron muchos bisontes, pero no cazaban bisontes o los cazaban muy poco. Abundan mucho más los huesos de conejo, cabras y aves no voladoras que de bisontes, caballos y otros animales grandes. Hasta se ha dicho que esos restos proceden de simple carroña, tiene su lógica. Pensemos que el muslo aún tierno dejado por un león, y debidamente cocinado, alimenta igual que el muslo de un bisonte recién cazado; que de tontos no tenían un pelo, aquellos primeros seres humanos.

Los animales representados son, en una gran mayoría, grandes, majestuosos y con mucha fuerza. Es decir, pintaron los animales más peligrosos para ellos, no los que se comían. Los que debieron ser sus presas más numerosas: conejos, aves no voladoras, incluso huevos, insectos y larvas, apenas aparecen o no lo hacen nunca. Tampoco plantas y eso que debieron comer mucha verdura y fruta. En cuanto a otro alimento que debió ser básico en su mesa: la miel, apenas está representada, aunque en la Cueva de la Araña, en España, está la mejor representación de cómo se recolectaba miel en aquellos tiempos.

Cacería de ciervos. cueva de los Caballos, Castellón (España)

¿Y si es una especie de escritura? Aún hay pueblos primitivos que usan dibujos y pinturas para contar sus historias.  Tal vez, incluso, un calendario, también hay pueblos primitivos en la actualidad que lo hacen.  O, ¿quién sabe? A lo mejor solo pintaban por hacer más bonitas sus casas. Es decir, el arte por el arte; también tiene su lógica. Si nosotros lo hacemos, ellos también podían hacerlo.

Otra idea es que las pinturas formaban parte de un ritual de aceptación de la comunidad. Se basa en las primeras manifestaciones pictóricas: las Manos Pintadas. Ya sea en negativo o en positivo, están presentes tanto en Europa como en América. Las huellas dactilares que aún están impresas en la pintura corresponden, en una gran mayoría, a personas jóvenes, de entre nueve y quince años, lo que reafirma esta interesante teoría. Si imaginamos otra escena, podemos ver a un niño o niña posando la mano en la piedra, y un chamán soplando pintura por la boca. El contorno de la mano quedará para siempre en la roca; la chavala o el chaval es admitido en la comunidad, ya es uno de los nuestros. En todas las culturas hay ritos (la Primera Comunión, por ejemplo) donde se aceptan a los nuevos miembros; seguro que ellos tenían ceremonias así, donde dejar la huella de su mano formaba parte de ella.  Otra vez todo muy bonito, estupendo… Pero también hay huellas dactilares de gente mayor, de más de cuarenta años; en teoría, ya deberían estar admitidos en la sociedad… ¿Quién sabe? A lo mejor pintaban para pasar el rato. Como no tenían televisión ni Internet… Pero hay algo más que nos hace dudar de la finalidad religiosa y mágica de las pinturas.

Hasta hace bien poco se pensaba que solo pintaban en lo más profundo de las cuevas o en saliente muy escondidos y de difícil acceso. Hay que arrastrarse un buen trecho – casi un kilómetro –  para admirar las pinturas de Altamira. Pero, gracias a nuevas investigaciones, se ha descubierto que pintaban y grababan por todas partes. Con las nuevas técnicas científicas se ha descubierto que lo pintaban todo. Alrededor de sus cuevas está todo pintado, es posible que también pintaran o grabaran los troncos de los árboles, pero ese arte no ha llegado hasta nuestros días.

La caza no es tan apasionante como parece, hay muchos momentos de ocio y aburrimiento ¿Qué hacer en esos ratos? Pues ponerse a dibujar en la roca o en el tronco de algún árbol. Lo hemos hecho todos los que salimos al campo de excursión de vez en cuando. Pero los dibujos y pinturas que no estaban protegidos contra la lluvia, el viento, la nieve… han desaparecido, quedando los que sí que están protegidos, ya sea en cuevas o en salientes donde no llega ni la lluvia ni el viento. A todo eso ¿por qué pintar en salientes de difícil acceso?. En casi todas las ocasiones están muy arriba de una montaña y, por lo general, se divisa mucho terreno desde esos salientes. La respuesta es sencilla: porque desde allí vigilaban y localizaban los animales grandes que querían cazar. A lo mejor, incluso apostaban vigías para que las tribus vecines no les dieran un susto, que la guerra ya estaba presente en aquellos tiempos. Estarían muchas horas vigilando, y como de tontos no tenían un pelo, eligieron cuevas y salientes al abrigo de vientos y lluvias. Sus trabajos, tal vez dibujados por puro aburrimientos, han llegado hasta nosotros.

 ¿Qué maravillas se han llevado esa lluvia y ese viento? Nunca lo sabremos. Tal vez, todas estas teorías, y algunas más que no hemos mencionado para no hacernos pesados, sean ciertas. O, tal vez, ninguna lo sea.

Total, que no sabemos porque pintaban. Pero sabemos cómo lo hacían.

J.B.

Deja un comentario