Madera

LA ENCINA

Hay algunos árboles que han marcado la historia de la humanidad. Uno de ellos es la encina (Quercus ilex) también conocido como roble mediterráneo, o roble de secano, además de chaparra o chaparro. Ahora es escaso, pero formó enormes bosques por toda la cuenca mediterránea, llegando hasta el Atlántico a través de España y Portugal.

Fue un árbol considerado sagrado en todas las religiones del Mediterráneo. Solo el cristianismo, y muy a duras penas,  consiguió quitarle esa aura de santidad que, por cierto, aún conserva en algunas partes. Del Mediterráneo, el culto a la encina pasó al mundo celta que adoptaron algunos ritos que se realizaban bajo las encinas. Eso si, como tenían pocas encinas, se pasaron al roble que, para el caso, da lo mismo. Roble y encina son de la misma familia botánica: Quercus. Descendientes de una misma especie, la gran diferencia entre las dos variedades de Quercus viene de su adaptación al medio ambiente. Esa adaptación hace que el roble pierda las hojas en invierno, mientras que la encina las conserva. El roble necesita un clima húmedo y frio, propio del norte y centro de Europa; no soportaría una prolongada sequía. En cambio, la encina está preparada para los duros veranos mediterráneos, con sus largas sequías. Es por eso que no pierde las hojas: ahí almacena energías y humedad para sobrevivir a la sequía.

Los principales dioses, Zeus en Grecia; y Júpiter en Roma, tenían encinas en sus templos. Zeus meditaba bajo una encina, dejando que el sonido del viento meciendo las hojas le inspirara. Sabiendo que la principal tarea de Zeus era enamorar a toda jovencita mortal que se le pusiera a tiro, no parece que meditara mucho. Bueno… Pero no solo meditaba. Con una rama de esa encina fabricó una gruesa estaca (una especie de porra) que regaló a su hijo, Hércules. Siguiendo en el Mediterráneo, Perún, dios eslavo meridional del rayo y del trueno (seguramente la primera versión de Thor) tenía a la encina como símbolo, y en todas sus representaciones empuña una maza de encina.

Como ya hemos dicho, el culto a la encina pasó al mundo celta, con una ligera diferencia. Por el norte de Europa no hay encinas, pero el roble abunda. Los druidas (druidas significa los hombres de la encina o roble) practicaban sus ritos bajo los robles o encinas. Los celtas nunca construyeron grandes templos dedicados a sus dioses. Los bosques de encinas o robles eran sus templos. Allí invocaban a los dioses, celebraban matrimonios e impartían justicia. Para sus pócimas subían a las encinas armados con hoces de oro (lo podemos ver en los tebeos de Astérix) pero nunca cortaban las ramas de la encina. Buscaban el muérdago, planta vampiro que crece sobre otros árboles. Es muy venenosa pero, en pocas cantidades tiene propiedades diuréticas y, según dicen, afrodisiacas. Su aceite concentrado huele tan mal que espanta a los lobos.

Del mundo griego, el aura sagrada de la encina paso al judaísmo y, de ahí, al cristianismo. En la Biblia, sobre todo en el Antiguo Testamento, se nombra a la encina con más de una docena de nombres. Hasta tal punto fue sagrada en las tierras de Palestina, que Dios siempre se aparecía cerca de una encina o en un encinar. Se le apareció a Abraham en el Encinar de Mamré. El mismo Abraham conoce el destino de Gomorra y Sodoma en el Encinar de Siquem. Débora es enterrada bajo una encina, y en el Santuario de Yahvé había una enorme encina. Bajo ella, Yahvé y los hombres renovaban su alianza. Por último, mencionar que Absalón, hijo de David, murió cuando sus largas cabelleras (su principal atributo y su orgullo) se engancharon en las ramas de una encina, mientras huía a caballo tras perder una batalla. Y allí se quedó, colgando cual jamón puesto a secar hasta que llegó el enemigo y se lo cargaron con tres flechas fabricadas con finas ramas de encina.

De la encina, de tronco más bien corto, no se pueden sacar tablones largos, pero si gruesos. Su madera es dura y resistente a golpes y arañazos… Justo lo que se necesitaba para el Patíbulo, la parte horizontal de la cruz. En contra de las representaciones religiosas, los condenados a morir crucificados no cargaban toda la cruz. Eso habría sido imposible por su gran peso. Lo que si cargaban o arrastraban era el patíbulo. Debía ser un tablón corto, no mucho más allá de metro y medio y grueso, que muchas veces sufría golpes, lo arrastrarían por el suelo, tenía que soportar la humedad de la sangre y otros líquidos corporales bastante ácidos. La madera de la encina era perfecta para ese trabajo. La parte vertical solía ser de pino o cedro, árboles rectos y altos. Conociendo lo que pesa la madera de encina, podemos imaginar lo que sufrían aquellos pobres desgraciados, Jesucristo entre ellos.

Hoy, la encina ha perdido su parte sagrada, pero sigue viviendo entre nosotros, y muchos pueblos la tienen siempre presente. Extremadura siempre ha sido tierra de encinas. Forma su paisaje, y es parte imprescindibles de las dehesas. Está en su bandera y en su himno. Por toda España hay nombres de pueblos y ciudades dedicados a la encina. En la Comunidad Valenciana tenemos a La Encina. En Jaén, Bayos de la Encina y otros muchos. Por último, mencionar que muchas familias lucen la palabra “encina” en sus apellidos. Un ejemplo es Javier Barden, cuyo nombre completo es Javier Ángel Encina Barden.

Por último mencionar que la encina ha sido propuesta como árbol nacional de España. Propuesta que no ha sido aceptada por que no hay encinas ni en Canarias ni en Galicia.

La Encina como árbol.

Es un árbol de talla media y baja, alcanza de los 16 a 25 metros de alto, con una copa ovalada y bastante grande en relación a la altura del árbol. Las hojas son perennes, de un color verde oscuro en el haz y más claro en el envés. Ahí podemos encontrar una especie de pelusilla, que permite perder poca humedad en los duros veranos mediterráneos y extremeños. No en vano se le conoce como el “Roble de Secano”

Su fruto es la bellota. Es comestible y agradable al paladar ya sea cruda o tostada como una castaña. Maduran de octubre a noviembre y algunos años en diciembre o enero, pero es poco frecuente. Antes de que los fenicios y griegos trajeran a España el trigo, la cebada y la avena, la bellota de encina era la base de la alimentación. Con ella se elaboraba un pan dulce, ligeramente ácido y bastante duro. Hoy, la encina se cultiva sobre todo para alimentar cerdos. La bellota se deja caer al suelo, para que los cerdos pasten libremente; o se reserva para las épocas sin bellotas en la dehesa. De esos cerdos nace uno de los mejores manjares del mundo: el jamón de bellota, considerados los mejores de España, que es como decir los mejores del mundo.

Encina milenaria

Actualmente, se están plantando grandes encinares, sobre todo en Teruel, pues otro manjar exquisito solo crece entre sus raíces: la trufa negra. Esta trufa negra cultivada no es tan buena como la salvaje pero, así y todo, sobre un trozo de pan tostado, una loncha de jamón (de bellota, por supuesto) y su chorrito de aceite de oliva. Plato tan sencillo como exquisito.

Otro motivo para su cultivo es la caza. La encina es soporte para muchas especies cinegéticas. Como la encina crece sobre casi cualquier terreno, es la especie dominante en terrenos baldíos, y sirve de hábitat a infinidad de especies: ginetas, perdiz, conejos, jabalíes, autillo, cárabos…Gracias a que la encina crea un hábitat idóneo para todas estas especies, se pueden aprovechar esos terrenos, aunque solo sea para la caza. Prácticamente todos los árboles que aparecen en la soberbia Los Santos Inocentes, película centrada en una finca de Extremadura y la caza, son encinas.

Madera y usos

Con su madera se consigue un excelente carbón vegetal, usado para calentarse, cocinar y fabricar pólvora si escaseaba el carbón de sauce, el mejor para fabricar pólvora. Con una cocción de bellotas y hojas machacadas se consigue un buen astringente y un desinfectante de heridas. Su corteza tiene muchos taninos y es imprescindible para curtir el cuero. Los cueros de Marruecos son famosos por su gran calidad; esto es así porque han despreciado productos químicos en su curtido, y siguen usando corteza de encina para ese trabajo.

Su madera es bastante bonita. De color blanquecino, con vetas poco marcadas, en la albura y marrón rojizo, con vetas muy marcadas, en el duramen; es esta parte la que más se busca para fabricar mangos de navajas y cuchillos. Son muchos los que combinan los dos colores en una misma pieza de artesanía. Aparte de esto, la madera de encina se usa sobre todo en piezas que requieran gran resistencia, como mangos de herramientas, ejes de carros, vigas, utensilios de cocina, suelos etc.

Es una madera dura, densa, tarda mucho en pudrirse y es bastante difícil de trabajar. Su encolado es bueno, y se precisa un agujero guía para tornillos y clavos. Los ebanistas no la quieren por su tendencia a rajarse en el secado y su dureza. Los torneros la aprecian, ya que pueden aprovechar esas rajas para elaborar piezas únicas con técnicas como el segmentado, o con las modernas resinas tipo epoxi. La carcoma tampoco la quiere, ya que es demasiado dura para esos insectos. Pero es atacada por las larvas de un escarabajo longicorne que puede llegar a matar a los árboles jóvenes.

La encina es un verdadero tesoro nacional que ha sido maltratado hasta casi su desaparición. Por suerte, hoy en día está renaciendo gracias a que se están desarrollando nuevas formas de sacarle provecho.

Espero que les haya gustado este pequeño artículo. Gracias por su atención.

J.B.

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