Arte, Herramientas

El Pincel.

Pinceles prehistoricos

Hay herramientas cuyo diseño básico ha permanecido casi inalterado desde su invención, hace miles de años: el hacha, la aguja de coser, el cuchillo y el pincel. Hay otros instrumentos, como el tambor o la flauta, pero no son herramientas, y aquí hablamos de herramientas. A lo largo de los siglos han entrado nuevos materiales: metal, fibras sintéticas, plásticos…Pero el diseño básico, así como su manejo y sus utilidades son, básicamente, las mismas.

            Poco después del nacimiento de estas herramientas, surgió otra cuya única finalidad es el Arte aunque, posiblemente, se descubrió su otra finalidad al mismo tiempo: el de limpiar. Hablamos del pincel. Es muy posible que los hombres primitivos usaran un pincel grande para limpiar la pared que iban a pintar con otros pinceles, con lo que inventaron la escoba. El pincel nació con la misma forma que conocemos en la actualidad y requirió un corto proceso evolutivo, adaptándolo a nuevos trabajos y necesidades. Se puso un gran pincel a la punta de palo largo para crear la escoba. Si ese pincel es de algodón y se moja con agua y jabón, ya tenemos el aliado perfecto para la escoba: la fregona. Un poco más tarde, vendría el cepillo.

            El primer instrumento usado con fines artísticos fue la mano humana. Con ella, se cree, adornaron sus cuerpos usando los pigmentos que se pueden encontrar en la naturaleza: sangre, tierra de ocre, carbón, yema de huevo… en un proceso evolutivo que empezó cubriendo el cuerpo con barro, para librarse de los mosquitos…Más tarde, usaron la boca como instrumento de pintura. El método consistía en llenarse la boca con pigmento y soplar con fuerza. Con este método (aerografía) dibujaron las “Manos Pintadas”, generalmente en negativo. No se sabe muy bien por qué lo hacían, pero es posible que fuese parte de alguna ceremonia religiosa o de aceptación en la comunidad. Una evolución natural de este proceso es usar una caña fina o un huesecillo hueco para dirigir mejor la pintura.

            Pero el ser humano siempre a querido plasmar lo que ve y siente. Quería dibujar los animales que cazaba y, con esa primera técnica aerográfica, no podía hacerlo. Necesitaba algo para líneas más o menos gruesas, llenar espacios. Los primeros dibujos fueron trazados con el dedo desnudo y trozos de carbón. Pero el dedo desnudo tiene muchas desventajas: su carga de pintura es escasa y dibujar sobre la roca es muy incomodo, llegando a producir pequeñas heridas. Una solución intermedia fue revestir el dedo con una piel de animal. Con esto se consiguió más comodidad a la hora de trabajar y una mayor carga de pintura. Esta técnica se utilizó en Altamira, donde se ven trazos uniformes imposibles de conseguir con el dedo desnudo. Pero con esto no se pueden conseguir trazos finos y detallados, un gran inconveniente para aquellos primeros artistas. Los detalles más finos se conseguían con carbón, aunque sacrificando el color natural del animal.

Pincel de la Edad Media

            En Altamira está representada toda esta evolución, llegando hasta el pincel. Se cree que los primeros pinceles fueron simples ramitas de árboles con un extremo machacado entre dos piedras. Una herramienta fácil de conseguir y que permite tener un pincel para cada color, así como distintos grosores. Otra ventaja es que no hace falta limpiarlos: en apenas diez minutos se pueden fabricar una docena de pinceles. En pruebas de laboratorio se ha comprobado que no todas las maderas son las apropiadas para este uso. Las mejores son las de savia acuosa, como el chopo o el álamo. Basta con quitarle un trozo de corteza y machacar un extremo para conseguir un pincel más que aceptable. Maderas como el pino o el abeto, de savia aceitosa, no son muy apropiadas, ya que la savia impide que las fibras de madera se empapen de pintura.

            Con estos primeros pinceles se conseguían trazos largos, y del diámetro deseado por el artista, pero bastos. Las fibras de madera son gruesas y los hombres, siempre buscando la perfección, deseaban trazos más uniformes: los trazos que se podían conseguir con los pelos de animales. Unir los dos materiales: el palo de madera con los pelos o plumas de animales debió ocurrir hace 10.000 años, en algún lugar entre Francia y España y muy pronto el nuevo pincel se extendió por todas las zonas habitadas. En la Cueva del Tajo de las Figuras (Benalup-Casas Viejas) ya se usaron, hace 10.000 años, esos pinceles, aunque hay figuras que aún se realizaron con palitos con un extremo machacado. Ya se aprecia cierta especialización: usaban los pinceles de pelo de animal para detalles, y los palitos machacados para rellenar espacios. Los primeros debieron conservarse, limpiándolos después de cada uso. Los segundos se tirarían, y harían otros para la siguiente pintura. Su máxima evolución, antes de la llegada de materiales sintéticos, se produjo en Persia, sobre el quinto o sexto siglo de nuestra época. Allí se criaban unos gatos de una raza persa hoy extinguida. Se les daba una alimentación especial y personal especializado los limpiaban casi a diario. Su pelaje debió ser lustroso y fuerte, pero no se aprovechaba todo. Sólo se usaban los pelos de la garganta, directamente debajo de la boca del felino. Se cortaban con cuchillos parecidos a un bisturí y de uno en uno. Por último, se lavaban concienzudamente y se formaba el pincel. Se fabricaban pinceles de muchos tamaños, pero nunca de más de cincuenta pelos. El más pequeño tenía un solo pelo. Los pinceles más pequeños se fabricaban insertando los pelos en cañones de plumas y, los más grandes se unían a palos de madera pegados con resinas vegetales y tendones de animales. Debieron ser muy caros y se usaron, sobre todo, para embellecer libros en delicadas miniaturas, algunas del tamaño de un sello. La última evolución viene marcada por las fibras sintéticas. No son tan buenas como los pelos de animales, pero mucho más baratas y los pinceles suelen durar poco, por mucho que se cuiden. Otra evolución está en el mango donde ya podemos encontrar de plástico o resina.

            Y así nació el primer pincel. Su diseño básico no ha cambiado nada en 10.000 años, y sus técnicas de manejo son las mismas. No se ha encontrado sustituto y, prácticamente todos los artistas plásticos lo han usado en algún momento de su carrera. Con él nació el Arte tal como lo conocemos hoy en día, y es muy posible que siga siendo la herramienta del artista por excelencia, pues será casi imposible encontrarle un sustituto digno.

            Es una herramienta usada en muchos oficios, ya sea para pintar, barnizar, esparcir pegamento o limpieza; usamos una variante de pincel: el cepillo, para nuestro aseo personal o limpiar la casa donde vivimos o el coche que conducimos. Cierto autor inglés afirmó que todo nace con un lápiz y un trozo de papel, donde se garabatea la primera idea. Pero al lápiz le sigue el pincel.

            J.B.

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