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El Martillo

Martillo

El martillo surgió hace unos dos millones seiscientos mil años, sin un autor conocido. Es una herramienta que evolucionó en muchas partes al mismo tiempo, por sentido común e inteligencia humana, gracias al afán de la humanidad de superación y avanzar siempre adelante.  Salvo algunos palos usados para escarbar hormigueros (aún hoy son usados por los chimpancés) es la primera herramienta de la humanidad. A partir de ahí, vinieron todas las demás. Con el martillo, empezó nuestra civilización.

Es una herramienta particular. Al cogerlo trasmite una sensación de poder, de lo que somos capaces de hacer. Es curioso que mucha gente se “pique” y haga competiciones  para ver quien maneje más y mejor el martillo, quién es el mejor con un martillo entre las manos. Incluso hay competiciones deportivas con una variante del martillo: el hacha. Algo que no goza ni el destornillador, que yo sepa, no hay competiciones deportivas para ver quién atornilla o desentornilla más tornillos.

Evolución del martillo

El martillo transforma la energía cinética del movimiento en la energía mecánica del golpe. Según su tamaño, en ocasiones se necesita fuerza para usarlo y, de vez en cuando – como saben todos los herreros y canteros que suelen usar martillos grandes y pesados – la ayuda de la gravedad.

El primer martillo fue una simple piedra cuidadosamente elegida para que se adaptara bien a la mano que la usaba. En el primer martillo, el mango era el mismo brazo del que lo usaba. En la Revolución Neolítica (hace unos 8.000 años), se le añadió un mango de madera que sirve para manejarlo con más comodidad, fuerza y precisión. La piedra fue sustituida por cobre, bronce y, en tiempos del Imperio Romano, por hierro. El mango sigue siendo de madera, aunque hay veces que se sustituye por plástico o acero; y su diseño no ha cambiado desde entonces. Para algunos trabajos especializados, el hierro ha sido sustituido por mazas de goma, nylon, madera…Pero su diseño primordial no ha cambiado desde hace más de dos millones de años. Su última evolución es el martillo eléctrico percutor.

A partir del martillo han nacido otras muchas herramientas. Al usar los primeros martillos, la piedra se rompía, produciendo lascas de piedra que cortaban como una navaja de afeitar. Ahí nació el primer cuchillo. Una unión de martillo y cuchillo es el hacha y así, mucho más.

 Ese primer martillo fue usado para romper algo: una nuez, un hueso, la cabeza del contrincante… Luego, y a medida que avanzaba la civilización, se especializó enormemente. Sigue siendo una herramienta para golpear, pero en muchas ocasiones se usa para fabricar, construir, curar enfermedades, operaciones quirúrgicas… lo que ha provocado que haya otra herramienta con tantos diseños, tamaños, utilidades. Hoy, lo usan una increíble variedad de oficios y artes: escultores, mecánicos, herreros, electricistas, fontaneros, médicos, geólogos, orfebres, policías… Cada oficio, cada arte tiene su propio martillo, su propio diseño,

Antiguo martillo de guerra

Sería muy largo y tedioso describir cada tipo de martillo y sus utilidades. Basta una visita a cualquier centro de bricolaje para comprobar los muchos tipos de martillos que se usan hoy en día. Y ahí no están ni la mitad de sus formas y tamaños. En esos centros no suelen venderse los muy especializados, como son los de orfebre, los de fisioterapeutas, tapiceros, geólogos… Como ejemplo elegimos un tipo de martillo que, a pesar de la enorme importancia que tuvo en el pasado, hoy casi ha pasado al olvido: el martillo de guerra. Olvidado por la sencilla razón de que no es tan espectacular como la espada.

El martillo de guerra

Vamos a trasladarnos a principios de la Edad Media. Las guerras se hacían con espadas, arcos, flechas, puñales… y para librarse de esas armas cortantes, se desarrollaron las armaduras.  Todos tenemos en mente los caballeros medievales, embutidos en brillantes armaduras de acero con aspecto inexpugnable, parecen invencibles, y casi lo eran contra espadas, arcos, flechas… Hay que ser muy habilidoso con la espada para encontrar algún hueco en la armadura, o tener mucha suerte con las flechas. Aunque la idea de un caballero medieval armado con una brillante espada es la que ha llegado hasta nuestros días, la verdad es que empuñaban más otra arma mucho más primitiva, barata y presente en cualquier parte. No requiere una habilidad especial para su uso, ni un largo entrenamiento, solo fuerza y determinación: el martillo de guerra.

Un soldado mal entrenado y sin otro armamento podía derribar a todo un caballero medieval embutido en su armadura con un solo golpe. Un golpe lo bastante fuerte para abollar el metal y llegar a la carne. Si ese golpe era lo bastante fuerte, el caballero caía de su caballo, herido de gravedad. Entre la herida y el peso de la armadura, a píe era muy vulnerable. A pesar de que apenas sale en las representaciones medievales, donde la elegancia de la espada mandaba, el martillo era el arma preferida en el campo de batalla, tanto por caballeros como por simple soldados o campesinos que se defendían de una invasión. Recordemos que en todas las épocas de la humanidad las herramientas han servido como arma en caso de necesidad. Los vikingos, por ejemplo, usaban más hachas que espadas, pues en sus granjas las hachas eran muy necesarias, y es muy caro tener un hacha para el trabajo y otra – o una espada – para la guerra. No todos podían permitirse ese lujo. Así y todo, armaron a uno de sus principales dioses con un martillo: el Martillo de Thor.

En la Primera Guerra Mundial fue profusamente usado  en todas sus variantes: cachiporras con pinchos, barras de hierro con bola en una punta, o verdaderos martillos.  Siempre que el combate llega al cuerpo a cuerpo, aparece el martillo como arma.

Por último, una pequeña recomendación. El martillo es una de la herramientas manuales que más daño pueden hacernos, y no hablamos del clásico dedo machacado al intentar clavar un clavo. Si nos cae en un píe, puede rompernos un dedo y dejarnos cojos una temporada.  En fin, el martillo es una herramienta imprescindible para nuestro trabajo y nuestras aficiones, pero vayamos con cuidado al usarlo.

Pepe Bataller.