Fin del Mundo

El Gran Impacto (Parte 4)

(Martillo de Dios)

+ 5 años

Y llega lo peor.

Las enormes nubes de polvo y hollín se dispersan, cayendo al suelo con la lluvia ácida. Es lo peor que le puede pasar a nuestro desdichado mundo. En España, Portugal, Colombia… La gente mira al cielo, aterrorizada. Por fin, se ven los primeros rayos de Sol, que traen la muerte.

Con el impacto, las erupciones volcánicas y los incendios, enormes cantidades de dióxido de carbono se ha liberado a la atmosfera, son miles de millones de toneladas. Por si fuera poco, los fondos marinos han sido removidos a conciencia, liberando otras miles de millones de toneladas de metano. Estos dos gases, combinados, destruyen la capa de ozono. Sin esta capa, lo más nocivo de los rayos solares llega a la tierra. Su efecto es devastador para la poca vida que aún queda sobre el planeta: quemaduras de piel, brutales mutaciones y cánceres de piel van matando a los que no tienen un buen refugio.

Por suerte, estaba previsto, y los plásticos para los invernaderos están preparados para rechazar esa radiación nociva. Pero la gente tiene que salir al exterior enfundadas en trajes protectores y bajo enormes sombrillas negras. Curiosamente, los refugios norteamericanos no tenían esos plásticos de alta tecnología, muy especializados. Sus invernaderos no servían para nada. Sólo fue un error de cálculo, un informe científico pasado por alto, pero que costó la vida a miles de personas, que vieron como sus incipientes cosechas eran arrasadas por los mortales rayos de Sol.

+ 10 años.

A pesar de los enormes invernaderos, la vida en las naciones que eligieron la opción dos sigue siendo muy dura. Se trabaja mucho y se come lo justo. No hay sobras para ayudar a los norteamericanos y otras gentes que piden ayuda por la radio; no hay recursos para lujos caros como la solidaridad. Se termina una carretera que une Alemania, España y Portugal, los suizos están terminando su propia carretera. Aunque escaso, el comercio y la economía regresan al mundo. Los supervivientes caen en la cuenta que, literalmente, tienen todo un planeta que colonizar de nuevo. Muy pronto, españoles y portugueses colonizan las primeras tierras en Francia y norte de África. Los alemanes desembarcan en Inglaterra y marchan hacía Polonia y Rusia, los peruanos bajan hacía Argentina, suben hacía México y los Estados Unidos. Hay mucha tierra que colonizar. En cabeza van los chatarreros, gente especializada en recoger cualquier trozo de metal. Para levantar la civilización de nuevo, hace falta mucho metal. Le siguen los ganaderos y agricultores. Los españoles tardarán más de mil años en pisar lo que antes era Sudáfrica; Los alemanes y suizos, otros mil años en explorar el gran cráter dejado por Martillo de Dios, en el centro de un país desaparecidos: China. Los colombianos solo necesitaron ochocientos años en llegar el sur de Chile y Argentina.

Para generar la imprescindible vitamina D, la gente toma un poco el Sol. Son tiempos cuidadosamente medidos: cinco minutos al día para los adultos, dos minutos diarios para los niños. De vez en cuando, cae algún meteorito, restos del impacto que parece no acabar nunca. Sobre donde antes estaba Londres, cae uno de unos veinte metros de diámetro. La onda de choque destroza algunos invernaderos alemanes, y el Sol – es una bendición- desaparece bajo espesas nubes de ceniza, humo y hollín. Pero todo vuelve a la normalidad en pocos meses.

+ 20 años

En España, hay invernaderos por todas partes. Algunos son gigantescas granjas, y otros guardan piscifactorías. La gente sigue saliendo al exterior con trajes protectores o bajo grandes sombrillas negras. Los científicos siguen midiendo la acidificación de las aguas, que ha bajado con enorme rapidez. A pesar de sus temores, la vida marina no ha desaparecido. Queda algo, poco, pero algo hay. La capa de ozono se repara poco a poco a sí misma. La enorme cantidad de metano y dióxido de carbono está siendo absorbido por los mares, pero este proceso llevará mucho tiempo. Pasarán muchos años, antes de que la gente pueda salir al exterior sin protección. Hace años que la gente ha salido de los refugios, para levantar las primeras ciudades después del impacto. Son ciudades curiosas, formadas por grandes edificios circulares, sin ventanas al exterior, y unidas por túneles. En el centro, un enorme patio a donde miran todas las ventanas de los edificios, cubierto con el plástico que rechaza lo más nocivo del Sol, da luz y calor, además de un espacio para jugar y pasear sin traje protector. En ese patio se levantan pistas para deportes, piscinas, jardines… La vida sigue siendo dura pero, después de décadas de trabajo y penalidades, hay algo de tiempo para el ocio.

Nacen muchos niños y niñas, lo que obliga a agrandar granjas, piscifactorías e invernaderos. Nada se sabe del resto del planeta. Los países que eligieron la opción uno, construir pocos pero grandes refugios están mudos, nada se sabe de ellos. Algunos dicen que es lo normal, no eligieron bien a la gente que se salvaría. En realidad, no había que elegir a nadie, el secreto de la salvación fue salvarlos a todos. Diversidad fue la clave: diversidad genética, en oficios y artes, en formas de pensar, de trabajar, de vivir. Hay un fuerte intercambio comercial y cultural con Alemania y Suiza. Algunos españoles se enamoran de alemanas; algunas alemanas se enamoran de españoles; y los suizos no se están quietos en este aspecto. Los expertos están contentos, no hay un cuello de botella genético. La humanidad tiene el futuro asegurado.

+ 10.000 años

La capa de ozono se ha recuperado algo, pero aún no es conveniente tomar mucho el Sol en las playas de canicas anaranjadas, que siguen siendo los restos más visibles del impacto. Aún necesitará muchos miles de años para que esté completamente recuperada, pero eso ya no importa.

La humanidad ha tenido que aprender a vivir sin petróleo ni carbón, solo con la electricidad que consigue del Sol, de las aguas de ríos y del viento. Aunque se extrae petróleo y carbón, estas materias primas son utilizadas para fabricar el plástico de los aún imprescindibles invernaderos.

Campo del Cielo, en Argentina. La piedra negra que podemos ver en el centro de la imagen es un meteorito que cayó del cielo hace millones de años.

En mares, ríos y lagos la vida ha regresado con todo su potencial. Han desaparecido razas enteras de animales, como las ballenas, pero los tiburones y tortugas han sobrevivido. El impacto vació muchos nichos ecológicos, que la vida va llenando poco a poco. Curiosamente, las sardinas también han sobrevivido, y poco a poco van aumentando de tamaño. Son las encargadas de llenar el nicho ecológico dejado libre por las ballenas. Pocos carnívoro terrestres han sobrevivió al impacto; los marsupiales han desaparecido, así como las aves que no fueron protegidas por las personas. Gatos y perros, los carnívoros domesticados por el ser humano, y que llevó a sus refugios, son los únicos que pululan por todas partes. Están evolucionando con rapidez, generando nuevas especies, nuevas formas de vida. Han aprendido a cavar madrigueras, para resguardarse del Sol. Se les une las ratas, lagartos, ratones, murciélagos, conejos…que también han sobrevivido. Hay bosques por todas partes, aparecen nuevas especies de plantas, con hojas que lucen un verde muy oscuro.

La especie humana también está evolucionando. Han desaparecido variantes humanas enteras, como los inuit o los lapones. La raza blanca está desapareciendo. Obligados a vivir bajo un sol mortal, los seres humanos han evolucionado con gran rapidez. Las pieles se han vuelto mucho más oscuras, los pelos son más rizados, los cuerpos se han hecho más delgados y flacos. Dicen los expertos que, en unos pocos miles de años más, toda la humanidad será de raza negra. Luego, a medida que la humanidad vuelva a conquistar el planeta, aparecerán nuevas variantes humanas, adaptadas al entorno donde vivan.

Todos miran al cielo. Ya no le tienen miedo a lo que pueda venir del espacio. Saben que hacer la próxima vez.

Pepe Bataller

Deja un comentario