Fin del Mundo

El Gran Impacto (Parte 3)

(Martillo de Dios)

+ 1 minuto

Aunque los actores implicados en este drama son gigantescos (el mismo planeta Tierra y Martillo de Dios) y sus velocidades se cuentan por miles de kilómetros por hora, todo parece que transcurre a cámara lenta, tal es la magnitud del desastre. Todo el impacto dura sus buenos cinco minutos. En él se libera una energía equivalente a doscientos millones de megatones de TNT o, lo que es lo mismo: catorce millones de bombas como la de Hiroshima que estallaran al mismo tiempo.

+ 2 minuto

Martillo de Dios toca las capas altas de la atmósfera, y empieza a desintegrarse en una llamarada de luz blanca devastadora. La luz es tan intensa, que todo ser vivo que se encuentre en un radio de quinientos kilómetros a la redonda queda ciego al instante, aunque tenga los ojos cerrados. Lo peor es el brutal estampido, que deja sordo a cualquier ser vivo en un radio de más de dos mil kilómetros. Los que están más cerca mueren al instante. Las ondas sonoras han agitados sus cerebros hasta convertirlos en una masa gelatinosa, matándolos al instante. Esa onda sónica llega hasta la Península Ibérica en pocas horas, y es escuchada, a pesar de los metros de hormigón y tierra que tienen encima de sus cabezas, por los que están encerrados en los refugios. En teoría, daría vueltas al planeta hasta perder potencia y desaparecer, pero se encuentra con otra onda de choque mucho más destructiva.

El aire bajo el cometa se comprime y calienta hasta más de mil grados centígrados. Cuando ya no puede comprimirse más, estalla en una onda de choque que corre en todas direcciones, destruyéndolo todo a su paso. Como ya ocurrió en la onda sónica, llega a la Península Ibérica en pocas horas, y no queda piedra sobre piedra. Los refugiados notan un fuerte temblor, pero no dicen ni mu. Se han repartido pastillas en toda la población, para que pasen lo peor (o a mejor vida) sin enterarse. Solo un grupito de científicos y soldados están despiertos. Sin apenas poder tragar saliva, miran una pared llena de pantallas de televisión y monitores. Lo que están viendo, los datos que muestran los monitores, secan la saliva. Ver en directo como todo un planeta es destruido, convierte cualquier garganta en un seco desierto.

+ 3 minutos

Martillo de Dios toca la tierra, rompe la corteza terrestre y se hunde en las profundidades del planeta. Miles de millones de toneladas de roca salen expulsadas al espacio. Algunas logran escapar de la gravedad del planeta, y se convierten en asteroides, que vagarán por el frío espacio hasta el fin de los tiempos, o llevarán la destrucción a otros mundos. Otras muchas, las más grandes, se convierten en estrellas fugaces de enormes dimensiones, y vuelven a caer sobre el planeta; son destructores por derecho propio. Entre unas cosas y otras, destrozan todos los satélites artificiales de más baja órbita.

En el lugar del impacto, el calor es tan enorme, que la misma roca se convierte en vapor, a más de dos mil grados centígrados. Crea una onda de choque de vapor de roca que se expande en todas direcciones, y que avanza a más de mil kilómetros por hora. Lo incendia todo a su paso, dejando la roca desnuda convirtiéndola en cristal a su paso. Al llegar al Himalaya, funde sus nieves. El agua de esos hielos pasa del estado sólido al gaseoso en menos de un segundo. Ese vapor crea las primeras tormentas, que dejan caer enormes cantidades de agua muy caliente. Algunas veces, en vez de agua caen gotas de roca derretida,

Martillo de Dios abre un cráter de más de cien kilómetros de diámetro, del que manan enormes cantidades de magma, además de cenizas y humo, mucho humo.

+ 12 horas.

La onda de choque sónica viaja a través del planeta, en pocas horas lo rodea, hasta que se une con la ola de vapor de roca que recorre la faz de la tierra. En España y Portugal, todo el mundo duerme, salvo ese grupito de científicos y soldados, que miran sus aparatos con ojos como platos. A su lado, el ex director de la Guardia Civil incumple las normas que el mismo dictó, y enciende un cigarrillo.  Deja que todo el resto del personal fume un cigarrillo tras otro; en algunas ocasiones, fumar es necesario. Fuera, la onda de vapor de roca ya ha pasado, dejando una temperatura que alcanza los quinientos grados centígrados, y lo peor aún está por llegar.

Los terremotos llegan sin avisar. Revientan los aparatos de medida, al sobrepasar los doce grados en la escala de Richter. Llegan en oleadas, y terremotos fuertes crean terremotos menos fuertes, en lo que son verdaderas tormentas de terremotos. La Baja California, Japón, Islandia… se hunden en el mar, para alzarse a las pocas horas. La Baja California se convierte en una isla. A medida que llegan las ondas sísmicas, los volcanes entran en erupción, al ser removidas sus cámaras magmáticas. En esas primeras horas, toda la población humana que no estaba protegida ha muerto, además de miles de millones de animales y plantas. El intenso calor calcina hasta los huesos, que se convierten en un polvo grisáceo. En España, una enorme grieta en la tierra se traga un denso complejo de refugios. Muere un millón de españoles.

+ 3 días

Los terremotos aún no han finalizado, aunque su intensidad ha disminuido mucho. Entre tanto, los tsunamis, algunos de hasta cuarenta pisos de alto, han arrasado todas las costas. Llegaron centenares de olas, con minutos de diferencia entre una y otra. Muchas de esas olas son producto del choque de forma indirecta. Ocurre en Las Canarias, donde grandes corrimientos de tierra caen al océano creando sus propios tsunamis, que chocan contra las costas americanas y africanas en pocas horas.

Mientras tanto, enormes nubes de ceniza y humo cubren todo el planeta. Empiezan las lluvias ácidas, que matan la escasa vegetación que ha sobrevivido a los primeros tiempos de la colisión. Ya no quedan animales, salvo los que se han enterrado en sus madrigueras, o han sido protegidos por las personas. Por todas partes hay montañas de canicas de cristal anaranjadas. El aire es tan tóxico, que una persona moriría en pocos minutos si lo respira. En España, incluso en pleno mediodía, es tan oscuro como la noche.

La gente ya se ha despertado y trabaja sin descanso, revisando y reparando los purificadores de aire y de agua; además de los sistemas de refrigeración. La calefacción se pone a punto, no tardará en ser necesaria. Sin esos sistemas, todos morirían en pocos minutos.

Todos los volcanes del planeta están en plena erupción. Han nacido nuevos volcanes, sobre todo en la dorsal mesoatlántica. Islandia, las Hawái son mares de lava ardiente. Incluso volcanes que han pasado millones de años inactivos, como el de las Columbretes, entran en erupción.

+ 60 días

Desde escasos segundos después de la colisión, el cielo está plagado de estrellas fugaces. De momento, son piedras pequeñas, del tamaño de garbanzos. Pero las grandes rocas, algunas de kilómetros de diámetro, ya están cayendo, y son miles.

Encerrado en su refugio, el ex director de la Guardia Civil no aparta la vista de un monitor, donde se refleja la temperatura del exterior. A los dos días del impacto, la temperatura ascendió hasta rozar los mil grados (fue la onda de vapor de roca que sobrevoló todo el planeta) luego, en cuestión de horas descendió hasta los cien grados. Pero ahora está subiendo sin cesar. Son las rocas que caen del cielo ardiendo en su reentrada en la atmósfera, que calientan el aire hasta los seiscientos grados, casi tres veces más que un horno de cocina. Esas mismas rocas destruyen lo poco que queda en píe. Una de ella, de más de cien metros de diámetro, cae sobre un refugio español, logrando atravesar la capa de piedra, tierra y hormigón que protege a las personas. Mueren cincuenta mil seres humanos y un número similar de animales. El bombardeo provoca sus propios terremotos, sus propios huracanes y sus propios tsunamis, y lo más intenso dura treinta largos días. A medida que el bombardeo se hace menos intenso, disminuye la temperatura del aire. Todo el planeta está cubierto con una capa de piedra y roca cristalizada por el calor. Ya no hay hielo en los polos y colosales tormentas dejan caer torrentes de agua ácida por todas partes. Esas lluvias enfrían el ambiente.

+ 120 días.

El cielo aún es surcado por muchas estrellas fugaces. Con ellas, han caído los restos de centenares de satélites artificiales, destruidos por esas mismas rocas. Sobre la faz de la tierra solo el viento sucio y tóxico se mueve. El cráter creado por Martillo de Dios aún bulle de magma, lanzando al cielo una densa humareda negra. Pero en los refugios españoles y portugueses la actividad es frenética.

Hay que pensar en la condición humana, y ésta nos dice que millones de personas inactivas es mala cosa. No hay que tener tiempo para pensar en lo que ha pasado, y en lo que puede pasar. El futuro aún es muy incierto. Dicho en plata: no hay que dejar que piensen, y lo mejor es el trabajo duro.

Las escuelas, hospitales, universidades… vuelven a funcionar, y por todas partes se fabrican trajes protectores, máscaras antigás y más plástico para invernaderos, además de más herramientas. Aunque se hizo mucho de todo eso, no había suficiente, y se pensó en almacenar material para fabricarlo aún encerrados en los refugios. Los filtros de agua y aire son revisados cada pocas horas. De ellos depende la vida de todos, no hay que descuidarlos ni un minuto Quien no tiene nada que hacer, limpia suelos y paredes. Así y todo, hay peleas, discusiones, que son atajadas por las eternas parejas de la Guardia Civil y de policía; algunas veces, a punta de porra. Se previnieron cárceles, que ponto se llenan a rebosar. Hay asesinatos, violaciones… y muchos criminales reciben un tiro en la nuca, después de un corto juicio o, sencillamente, se les expulsa de los refugios a patadas. Mucha gente aterrorizada en un espacio muy pequeño es mala cosa.

Fuera, las cosas mejoran lentamente. El cielo está permanentemente cubierto con una espesa capa de humo y hollín. Las granizadas son terribles, y pueden durar días enteros. Los meteorólogos documentan una granizada con hielos tan gruesos como balones de fútbol, que dura dos largos días. Digamos que se quedan alucinados. La tierra se mueve de vez en cuando. Y, como se suele decir, lo peor aún está por llegar.

+ 1 año.

En España, grupos de valientes salen al exterior, para encontrarse con un paisaje lunar, tan falto de vida y peligroso como la misma Luna. Embutidos en trajes especiales que los protegen del venenoso exterior, montan grandes estructuras con forma de balón de fútbol. Dentro, protegidas de vientos, lluvias y granizo están las antenas parabólicas que conectan a lo poco de humanidad que ha sobrevivido. Se puede decir que las noticias son buenas. En Alemania, han muerto cinco millones de personas. En Colombia, otras ocho. En Suiza, tres millones. En los otros países que siguieron la opción dos, las cifras son similares. Entre España y Portugal el número de muertos asciende a los cuatro millones. Teniendo en cuenta que entre los dos países tenían una población de unos cincuenta y ocho millones de habitantes; cuatro millones es grave, pero no una catástrofe. Nadie acude a rescatar los cuerpos y se supuso que no había heridos, el verdadero desastre se encargaría de ellos. Cierto mayor general y sus hombres, además de sus familias, también han sobrevivido, al igual que otros habitantes de otros refugios. El presidente de los Estados Unidos ha sobrevivido, y busca a su vicepresidente. Pero un mayor general le dice lo que pasó. De su vicepresidente ya solo queda un montoncito de huesos calcinados por el calor. El presidente chilla, pero el mayor general le cuelga el teléfono. Ya piensa que los Estados Unidos necesitan un presidente duro y cumplidor, militar a ser posible, no el político que solo supo esconderse como una rata.

Al igual que en España y otros núcleos de población, ya ha desplegado sus propias antenas, y logra conectar con algún satélite artificial. Los satélites espías son los mejores, pues tienen cámaras y otros sistemas que logran atravesar la espesa capa de humo y hollín que lo cubre todo. Muchos se han librado de la destrucción por estar en órbitas altas, donde no llegaron los escombros del impacto. Confirman lo que ya se sabía. No queda nada, ni rastro de las grandes ciudades, ni puentes, ni fábricas ni carreteras. Nada. La historia de la humanidad ha desaparecido. Los grandes logros: edificios, monumentos, estatuas… que relataban la historia de la humanidad han desaparecido. Quedan sus fotografías, sus archivos digitales, pero los originales ya no están. Pirámides, catedrales, templos… son montones de escombros calcinados por el calor. Se decidió, con enorme pesar, que ni una estatua, ni un cuadro entrara en los refugios. El espacio que ocuparían se reservó para comida y para libros técnicos y científicos, todo digitalizado, imprescindibles para empezar de nuevo. Por mucho que se intente, una estatua no se puede comer, y la comida era mil veces más valiosa que el mismísimo David de Miguel Ángel. Queda algo que la gente entró en los refugios: algún manojo de fotografías, algún libro familiar, alguna joya… Poca cosa.

Recreación artística de un cometa chocando contra la atmósfera.

La atmósfera se ha calmado bastante, lo suficiente para que las cuatro pistas de aterrizaje  sean desenterradas y puestas en funcionamiento. Despegan docenas de drones, que buscan supervivientes. Cada dron está equipado con dos contenedores con ayuda humanitaria: mantas, comida, medicinas… La idea es dejarlos caer sobre los grupos de supervivientes, para que aguanten hasta que lleguen los helicópteros de rescate. Pero los pilotos de esos helicópteros se aburren. El noventa por cien de los vuelos de drones regresa sin haber usado los contenedores. Se rescata a unos pocos.

Las historias de esos supervivientes son aterradoras. Muchos han llegado al canibalismo, después de comer ratas, murciélagos, gusanos… Cualquier cosa con proteínas era devorada al instante, muchas veces sin cocinar. Impacta la historia de una mujer, que se suicidó para dar de comer a sus cuatro hijos, que sobrevivieron y llegaron a España gracias a su madre.

+2 años.

Después de ser calcinado concienzudamente, el planeta Tierra se congela. La espesa capa de humo y hollín que rodea todo el planeta impide que los rayos de sol lleguen a la tierra, enfriándola hasta los cincuenta grados bajo cero.  En España, en pleno mediodía parece que esté atardeciendo y hace mucho frío. En todos los núcleos de población que pueden hacerlo, se sirve huevos y leche en todas las comidas, además de pastillas con vitamina D. Sin rayos solares, no se puede procesar esa importante vitamina, hay que remediar esa carencia.

Cráter lunar reciente

Vestidos con trajes protectores y máscaras anti gas, la gente sale de los refugios empuñando picos y palas. Libran las fábricas de sus capas protectoras de tierra y las ponen en funcionamiento. Cavan enormes trincheras de hasta cincuenta metros de ancho y kilómetros de largo y, al menos, dos metros de profundidad. Después de instalar contundentes sistemas de drenaje, son cubiertas con una cúpula con varias capas de plástico. Luego, llegan los cultivos. Ahí está la despensa de la humanidad, donde se cultiva de todo. Aunque están prohibidas, se siembran plantas de tabaco, coca, marihuana  y de adormidera. Al mismo tiempo, aparecen las granjas y las piscifactorías, también cubiertas de plástico.

Se desentierran los kilómetros de autovía que fueron protegidos con tierra y se tienden cables telefónicos. Los grandes núcleos de refugiados pueden comunicarse entre sí sin problemas, hasta llevar mercancías y personas de un lugar a otro. Los montones de leña enterrados ya se han quemado. Ha sido una energía muy bien recibida, que ha salvado muchas vidas humanas. Bosques de aerogeneradores ya funcionan, pero aún no hay sol para los huertos solares. En todas partes falta energía, y la gente tiene que alumbrarse con velas de parafina; se fabricaron muchos millones de esas velas antes del impacto. En lo que era China, el cráter formado por Martillo de Dios ya ha dejado de humear y se ha convertido en un gigantesco lago de agua dulce que aún burbujea por los gases que escapan de la tierra.

El planeta entero ha cambiado y sigue cambiando. Después del calor, que derritió todo el hielo y toda la nieve del planeta, lo que provocó que el nivel del mar subiera dos metros en apenas una semana, el frío hace que vuelvan los casquetes polares a una velocidad increíble, y son mucho más grandes. El nivel del mar baja tres metros en muy poco tiempo. Esto provoca que las corrientes marinas alteren su camino, incluso que desaparezcan. Ocurre en la importante corriente de Humboldt, en las costas de las naciones ya desaparecidas de Argentina y Chile. Sera largo mencionar los efectos de esta importante corriente marina en el clima mundial. Baste decir que el desierto de Atacama, antaño el lugar más seco del planeta, se convertirá en un bellísimo vergel.

También altera el curso de la Corriente del Golfo, que llevaba calor al norte de Europa. Ahora, ese calor se queda a mitad de camino, cambiando el clima mundial. El norte de Europa quedará sumido en una gran glaciación, que durará miles de años. Con tiempo, el desierto del Sahara también será un bello vergel, pero el centro de África se convertirá en un despiadado desierto.

La gente trabaja sin descanso. Se preparan para lo peor de la catástrofe.

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