Fin del Mundo

El Gran Impacto 1ª Parte

(Martillo de Dios)

Desde su formación, nuestro planeta ha sufrido el impacto de grandes y pequeños asteroides y cometas. Ese bombardeo sigue hoy en día aunque, como dicen los expertos, se ha atenuado mucho. Pero ahí están las estrellas fugaces que vemos todas las noches, que no son más que pequeños asteroides que arden al entrar en la atmósfera, para recordarnos que ese bombardeo sigue hoy en día. Se calcula que cien toneladas de meteoritos caen todos los días sobre nuestro planeta. Esos son los pequeños, entre 0,005 y 0,5 milímetros, pero donde hay granos pequeños, también los hay grandes. Estadísticamente, nuestro planeta sufre el impacto de un gran asteroide o cometa (capaces de provocar una Gran Extinción) cada cien millones de años. El último ocurrió hace sesenta y cinco millones de años, es el que extinguió a los dinosaurios. Desde entonces, han caído otros más pequeños, como el del Tunguska en Siberia. Fue una roca o cometa de entre 40 y 190 metros de diámetro, pero que devastó 2.150 kilómetros cuadrados de bosque boreal. En teoría, tenemos mucho tiempo por delante. Pero eso son las estadísticas, en cualquier momento un asteroide o un cometa pueden enviar las estadísticas a la mi…

Impacto Kaali, en Estonio ocurrido hacía el 1530 a.C.

            Han caído y volverán a caer, es una certeza matemática. No debemos preguntarnos si ocurrirá, sino cuándo ocurrirá. En este trabajo contestamos a la pregunta de ¿Qué pasaría si ocurriese hoy en día? Para ello hemos elegido un cometa, dejando de lado a los asteroides, ya que los cometas son mucho más peligrosos. Se conocen centenares de asteroides, se ha calculado sus órbitas y su potencial peligro. Hoy por hoy, al menos eso dicen los científicos, conoceremos si un asteroide va a impactar contra la Tierra con décadas de antelación. Tendríamos tiempo para prepararnos o, incluso, desviar la trayectoria del asteroide. También se conocen muchos cometas, pero no los suficientes; hay cometas cuya órbita alrededor del Sol es de millones de años, y aún no los conocemos, ya que aún no han pasado cerca de la Tierra. Sencillamente, no sabemos que existen. Un cometa puede aparecer en cualquier momento, en cualquier lugar de nuestras cercanías cósmicas… Y puede hacernos mucho daño. Por si fuera poco, los cometas viajan al doble o triple de velocidad que los asteroides y, en estos casos, la velocidad cuenta. Cuando más rápido, más peligroso es el destructor.

Tiempo: -5 años, 8 meses y 4 días.

Científicos de la Universidad de Hawái descubren un puntito en el cielo que antes no estaba. Viene del Sol, por eso no lo han descubierto antes. Al principio por rutina, y luego con mucho miedo, estudian el puntito, su órbita, velocidad, trayectoria, composición. Descubren que es un cometa que pasa por la Tierra cada quince millones de años, es totalmente desconocido para nosotros. A los pocos días de su descubrimiento, un demoledor informe llega al despacho del Presidente de los Estados Unidos de América. En poco más de cinco años, se estrellará contra la Tierra. Caerá en la provincia china de Gasu, sobre la bonita ciudad de Yozhong. El error estimado es de treinta kilómetros cuadrados y solo unos minutos por arriba o por abajo de error.

Mide veintidós kilómetros de diámetro – más del doble que el que exterminó a los dinosaurios- tiene forma de patata redondeada, viaja a setenta y cinco mil kilómetros por hora, pesa una burrada y algún graciosillo le puso un nombre muy dramático aunque apropiado: Martillo de Dios.

Tiempo: – 5 años, 7 meses y 15 días.

Todos los astrónomos del planeta reciben un curioso encargo. Tienen que examinar un trocito de cielo y decir que ven. No les dicen nada más. Todos los cálculos, todas las observaciones y todas las fotografías  deben ser repetidas seis veces y por equipos distintos de gente y máquinas. Los científicos no pueden evitar alzar las cejas, cuando ponen a su disposición las computadoras más potentes del planeta, incluso las supermodernas y supersecretas de Defensa e inteligencia militar y, básicamente, cualquier cosa que pidan. Si necesitas veinte toneladas de oro para ese trabajo, te las damos sin rechistar, solo tienes que firmar el recibo. Por supuesto, no deben decir nada a nadie y, si se van de la lengua, como dice un simpático agente del Mossad a una asustada astrónoma israelí, nadie encontrará tu cuerpo. Todos se ponen a trabajar como mulos o mulas.

Tiempo: – 5 años, 4 meses y 2 días.

Los informes de los científicos llegan a una ultrasecreta reunión de la ONU. Por no haber, no hay ni taquígrafos, y todo el edificio está rodeado por agentes de todos los servicios secretos del planeta disfrazados de barrenderos, amas de casa paseando a sus retoños y cosas así; además de un buen montón de policías de uniforme. Hasta las moscas tienen que enseñar su identificación si quieren acercarse  al edificio de la ONU. Al mismo tiempo, otras organizaciones, como la OTAN y la Unión Europea hacen sus propias reuniones, también ultrasecretas. Después de leer el corto informe – apenas tres folios- se ponen a discutir y a chillar. Los muchos científicos e ingenieros que asisten a las reuniones no saben que decir. No tienen nada que decir. No hay tecnología disponible para destruir o desviar a Martillo de Dios, y no hay tiempo material para desarrollar algo, lo que sea. ¡Solo cinco años! Hay una posibilidad, apunta un joven ingeniero: colocar una enorme bomba atómica sobre la superficie del cometa y hacerla estallar. No se quiere – eso convertiría un trozo de hielo y piedra peligroso en muchos trozos de hielo y piedra peligrosos – destrozar el cometa, pero el retroceso de la bomba al estallar (es el mismo fenómeno que sentimos en el hombro al disparar una escopeta) puede alterar su rumbo un poco. ¿Será suficiente? Hombre, pues no tengo ni idea, Martillo de Dios es condenadamente grande, su inercia es colosal y nunca se ha probado algo por el estilo. Por probar…

La bomba tiene que ser gorda, condenadamente gorda, la más gorda jamás construida. Será tan gorda, que ningún cohete puede transportarla a la superficie del cometa. Se necesitarán cuatro, tal vez cinco, o seis, a lo mejor ocho enormes cohetes  del tipo Saturno V, el mayor cohete jamás utilizado por el ser humano. Por supuesto, no hay ninguno construido, ese es el primer problemilla, y hay que construir las bombas; eso lleva su tiempo. Luego, deben dejar sus cargas juntas sobre el cometa, con una separación de pocos metros y con un sistema para que todas estallen al mismo tiempo. Es una buena idea, dice un político. Pero…

Las complicaciones técnicas son colosales. No hay tiempo para construir ni los cohetes ni las bombas. No lo hay aunque todos los científicos, técnicos e ingenieros se pongan a la tarea de inmediato. Y hay otra cosa dice un astrónomo… Por favor, miren las fotografías del cometa ¿Ven esas manchitas de luz que lo rodean? Son rocas y trozos de hielo que orbitan en torno a Martillo de Dios, y hay miles. Si, vale. Cierto que se logró posar una sonda encima de un cometa. Pero Martillo de Dios es algo diferente. Tal vez sufrió un impacto años atrás, y parte de los escombros  aún están orbitando el cometa, formando un escudo que será muy difícil atravesar. Una simple piedrecita, del tamaño de un garbanzo, será suficiente para destruir un misil o apartarlo de su trayectoria. Total, que será casi imposible que alguna bomba se pose en su superficie.

¿Qué podemos hacer? se preguntan todos. Solo hay una respuesta: enterrarnos bajo cinco metros de tierra y hormigón… Y rezar.

Tiempo: – 5 años, 2 meses y 1 día.

            Por una vez, los gobiernos del mundo se han movido bien y con rapidez, piensa nuestro hombre, mientras recorre las calles de Madrid. Tiene chofer, su coche está blindado y protegido por otros dos coches, con guardaespaldas armados hasta las pestañas. A través de la ventanilla tintada observa todo lo que le rodea. En verano, Madrid está casi vacío y las costas se han llenado de madrileños, que escapan del horno en que se convierte la capital en verano. Pero hay gente por la calle, y nuestro hombre los mira uno por uno. Hombres, mujeres, niños, que aún no saben nada. Cada uno con sus problemillas y sus alegrías. Hay buenos y malos, listos y burros; altos y flacos, con dinero y pobres. No mira los edificios, le importan una mierda. Se pueden reconstruir de nuevo. Pero la gente… morirán a miles de millones.

            Acaba de salir de una reunión ultrasecreta del gobierno de España. La mitad de ministros, secretarios, subsecretarios y directores se han enterado ahí mismo de que las cosas se han puesto muy serias. Y, metafóricamente hablando, se han cagado en calzoncillos o bragas; según el sexo de cada caso. La cosa es tan grave que no saben que coño hacer. Como buenos políticos que se precien de serlo, no saben reaccionar cuando viene lo gordo, y lo gordo ya está aquí, sobre sus cabezas, literalmente hablando. Lo suyo es decir discursos, crear lío, acaparar grandes sueldos y beneficios. Ahora que realmente son necesarios, están paralizados por la ignorancia y el miedo. Lo mismo está pasando por todo el planeta.

            En la reunión ultrasecreta de la ONU solo se ha llegado a un acuerdo. Que cada país haga lo que crea conveniente o, dicho con otras palabras: sálvese quien pueda, si es que se puede.

            Bien, según los científicos, solo hay un medio de salvarse de Martillo de Dios. Hay que enterrarse bajo tierra con, al menos, cinco metros de tierra y hormigón sobre las cabezas. Pero con eso no basta. Hay que purificar el agua y el aire, tener algún sistema para salvarse de los terremotos, los tsunamis, las erupciones volcánicas, los huracanes, acaparar comida, semillas, animales; cualquier otra cosa es inútil. Es un buen plan, con dos variantes. La primera es construir pocos pero grandes refugios donde unos pocos miles de afortunados se salvarán. Serán médicos, ingenieros, técnicos, políticos (por supuesto) y gente considerada valiosa y necesaria después de la catástrofe. Si sobra espacio, se hará un sorteo entre toda la población… ¿Un sorteo? Y una mierda. Hay demasiada gente con dinero, con influencias, con favores que devolver, para creer que se hará un sorteo. La idea del sorteo solo será para tranquilizar la gente. Se salvarán unos pocos elegidos y ya está.

            Vayamos con la segunda variante: enterrar muchos pero pequeños refugios conectados entre sí. Un refugio para cuatro personas, pongamos por ejemplo. Eso hace… once millones setecientos cincuenta mil refugios, solo para las personas. Luego estarán los almacenes para comida, para los animales, para maquinaria, y no nos olvidemos de hospitales, comedores, escuelas…Digamos trece millones de refugios solo en España.

Nuestro hombre mueve la cabeza, las dos variantes son verdaderas locuras. Como director de la Guardia Civil que es, tendrá un puesto en los refugios grandes. Eso no le preocupa, sabe que nunca entrará en ese refugio, porque no sabe si podrá soportarlo. ¿Qué pasará con su conciencia? ¿Podrá vivir sabiendo que su supervivencia se asienta sobre millones de muertos? ¿Soportará saber que pudo hacer algo y no lo hizo? ¿Y qué pasa con el mundo destruido que se encontrarán después del impacto? ¿Podrán ayudar a los millones de heridos que vagarán por todas partes? ¿Serán capaces de sobrevivir? Tal vez, los grandes refugios signifiquen una muerte lenta, en vez de una rápida si se quedan fuera. ¿Qué habrías hecho tú, Gran Duque de Ahumada, fundador de la Guardia Civil? Nuestro hombre acomoda el culo en el asiento de piel del coche. Cuando los políticos no sirven, es hora de los militares. Aunque no le guste la idea, tiene que hacer un Golpe de Estado e instaurar una dictadura, donde él será el dictador.

            En algo España ha tenido suerte: el impacto será en la otra parte del mundo, y hay enormes masas de caliza, ideal para hacer cemento y, con cemento, se tiene hormigón. Ya tienen algo con que empezar.

            Fija la vista en la nuca de su guardaespaldas, que mira a todas partes a través de sus gafas de sol. Vosotros tenéis la clave, amigos. Os voy a estropear la vida.

Tiempo: – 5 años, 1mes y 28 días

En algo los gobiernos están de acuerdo: hay que retrasar la noticia todo lo posible. Los psicólogos son tajantes: la persona más peligrosa que existe es la que no tiene nada que perder. Si juntamos millones de personas sin nada que perder, que ya se saben muertas… La cosa puede ser interesante. Los servicios secretos y la policía trabajan a destajo, para que el asunto no salga en periódicos y noticiarios. Todos los que están en el ajo son vigilados las veinticuatro horas del día. Algunos han intentado decir algo… bueno… hay muchos accidentes de tráfico, unos pocos más no se notan. Pero hay dos especímenes humanos que escapan a su control. Unos reciben el honroso nombre de astrónomos aficionados, y los otros son los que saben de matemáticas.

Nos trasladamos a un pequeño bosque de California, sobre la cima de una montaña no muy alta. Una pareja mira el cielo, observando las estrellas. Para ello se han traído un pequeño pero potente telescopio, algunos libros de astronomía, unos prismáticos y una tablet con una aplicación para astrónomos aficionados, que es un completo mapa estelar. Los dos piensan que la astronomía es cojonuda. En cada noche de observación siempre se aprende algo nuevo, pueden hacer manitas, morrearse a gusto y, si la cosa se tercia, pasar a mayores. Si no fuera por los muchos mosquitos que vuelan por todas partes, la noche sería perfecta.

Pero, anda, que chulo, hay una diminuta estrella que está donde no había estrellas la última vez que salieron a ver el cielo. Lo comprueban con la aplicación de la tablet, la miran con los prismáticos, consultan un libro de astronomía. Decidido, esa estrellita no debería estar ahí. Por último, encaran el telescopio a la estrella, y se llevan una sorpresa de lo más agradable: está rodeada por un tenue halo lechoso. ¡Un cometa!

A partir de ahí, la cosa viene rodando. Los dos astrónomos aficionados hablan con un profesor de instituto, tremendamente aficionado a las matemáticas. Con un ordenador personal hace los cálculos, los repite dos docenas de veces y… ¡Dios mío! Bueno, no dijo eso, pero no es lugar para poner palabrotas malsonantes. La noticia es tan fuerte que necesita contárselo a alguien, lo comenta con su cuñado que, maravilla de las maravillas, es periodista.

El cuñado en cuestión se pone manos a la obra, puede ser la noticia del siglo, del milenio, no hay un minuto que perder. El periodista intenta hablar con algún astrónomo. Pero todos o están de viaje, o reunidos o han tenido algún accidente. De ahí pasa a los astrofísicos, y más de lo mismo. No localiza a ningún cosmólogo, ni siquiera a ningún físico normal y corriente. Habla con más periodistas, que se unen a la búsqueda. Nadie habla, nadie contesta a sus llamadas. Desesperados, recurren a los científicos jubilados, a simples estudiantes. Dos periodistas desaparecen, y los otros se cagan de miedo. Lo malo del silencio es que confirma muchas cosas. Hasta que un astrofísico,  que ya no puede lidiar más con su conciencia, decide hablar muy en secreto, y aporta un buen fajo de documentos con todas las pruebas.