HISTORIA DEL ARTE

EL ENGAÑO (Una historia ligeramente machista) Tercera Parte

Pedro lucia ese brillo especial en los ojos del que ha pasado el día degustando ricos manjares sin haber dado ni golpe. Esta frase es injusta, lo reconozco pero, a la vista de las cestas vacías, no nos habíamos ganado el derecho a engullir el bocadillo de las diez, la paella del mediodía y, por supuesto, la merienda a base de chocolate y churros.

Quedaba la cena, que se adivinaba horrible. Un exquisito cordero (ternasco de Aragón, nada menos) sin sus níscalos es… Sigue estando rico, rico; pero no es lo mismo.

Ya no podíamos hacer nada, el implacable Sol valenciano se escondía entre las montañas y, si a pleno luz del día habíamos fracasado, mejor ni intentarlo de noche.

  • Bueno ¿Qué hacemos? – pregunté en medio de un espeso silencio, solo interrumpido por las dentelladas propias del que mastica churros bien mojados con chocolate.
  • Amigos, Hermanos, Hombres como yo; solo podemos hacer una cosa, – Pedro tiene la boca manchada de chocolate y, aunque observo tan inquietante detalle, no digo nada. La mente de Pedro es privilegiada, necesita silencio para funcionar correctamente.
  • ¿Qué cosa podemos hacer? – Vuelvo a preguntar.
  • Pensar.

El silencio se vuelve tan espeso que ni con una motosierra con la cadena nueva se podía cortar. La sencilla palabra de Pedro nos dice que, a pesar de su gran mente, no tenía ni idea de qué hacer. Nos sumimos en nuestras mentes, buscando una solución a nuestra desesperada situación. La huida a tierras remotas, ignotas, no era una opción ¡Un Hombre nunca huye, siempre afronta sus fracasos o victorias! ¿Y si fingimos que nos han atracado y robado las cestas? No colaría, los Mujeres son muy listas, y no se creerían ni una palabra. Pasan los minutos sin encontrar una salida al oscuro túnel que el destino nos había arrojado.

Hasta que…

La chica que entró en el bar era guapa. Alta, bien formada, largo pelo negro y sonrisa brillante. Debo decir que nunca nos fijamos en esas cosas, el enorme amor que sentimos hacía nuestras Mujeres nos impide observar que hay más Mujeres en el planeta…  Y no penséis ni por un minuto que somos mentirosos e hipócritas al hacer semejante afirmación. Las palabras anteriores son la Verdad Incuestionable entre las Verdades Incuestionables y punto. Digo lo de que la chica era guapa para centrarnos en el contexto y ya está.

Pero no era su belleza femenina lo que me llamó la atención, lo que encendió la Luz de la Salvación en mi embotado cerebro. La chica portaba una cesta rebosante de níscalos. La deja sobre el mostrador, charla un rato con el camarero y, con una brillante sonrisa, se marcha.

  • Caballeros, Hermanos… He encontrado la solución a nuestro aciago problema.
  • ¿Qué solución es esa, Hermano? – pregunta Pedro.

Lo explico con todo detalle y, a medida que mi explicación avanza, los rostros de mis amigos palidecen.

  • ¡Pero eso…es una estafa… Mentiremos a nuestras Mujeres! – murmura Pedro, pálido como la cal.
  • No solo les mentiremos. Las estafaremos, les robaremos, abusaremos de su confianza, de su trabajo. Pero… ¿Alguien tiene una idea mejor?

Nadie tenía una idea mejor, ni siquiera peor. Pagamos la consumición y, ya en la calle, llevamos a cabo nuestro horrible plan.

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