Arte, HISTORIA DEL ARTE

El Arte en la Prehistoria (I)

La prehistoria es la etapa histórica del ser humano más larga. Aunque hay discrepancias, se calcula que duro sus buenos tres o cuatro millones de años, si aceptamos que la historia de la humanidad empezó con el australopiteco, un simpático animalito que no era humano, pero es nuestro más directo antepasado.  El australopiteco fue el que empezó a caminar sobre dos piernas, y aunque se subía a los árboles cuando era necesario, su principal forma de locomoción era andar a dos piernas.

Andar a dos piernas tiene muchas ventajas. La principal es que las manos quedan libres para hacer cualquier cosa que se nos ocurra. Es posible que el australopiteco no fuera muy hábil con sus manos, pero ahí empezaron las dos cualidades que nos hacen únicos: un cerebro poderoso, capaz de la abstracción (tener ideas) y dos manos muy hábiles para hacer realidad esas ideas. Los delfines son muy listos, su cerebro es casi tan poderoso como el nuestro; pero nunca podrán pasar de las ideas. Tal vez algún delfín ya haya ideado algo tan sencillo como un mondadientes; pero nunca podrá construir uno, ni usarlo. No tienen manos. Todo el arte empieza en el cerebro y se materializa con las manos.

Los pre neandertales (Homo Heidelbergensis) ya dominaban el fuego y, donde hay fuego, hay carbón. No es de locos pensar que ya dibujaban algo, aunque solo fueran líneas, trazos, círculos. Nuestros niños de dos o tres años lo hacen sin parar ¿Por qué no ellos? Tal vez, incluso, adornaban sus cuerpos con ese carbón y arcilla. Gracias a los hallazgos en la Sima de los Huesos, en Atapuerca (España) se sabe que tenían ideas religiosas, y elaboraban bifaces que luego entregaban a los muertos como ofrenda en el enterramiento.

En eso llega el hombre de Neandertal (apareció hace 230.000 años, y desapareció hace 40.000 años atrás) es nuestro primo más cercano. Hace 65.000 años ya tallaba la piedra y el hueso, dejando las primeras Venus. Son pequeñas estatuillas de (al parecer) mujeres. Una muestra es la Venus de Tan-Tan, encontrada en Marruecos; y la Venus de Berejat Ram, encontrada en los altos de Golán. Tal vez, inventó la música, aunque solo sea cantando y dando palmas. Y perfeccionó un arte al que damos poca importancia, pero que vemos todos los días y lo practicamos a diario: el maquillaje. Es posible que el maquillaje, junto con lo que llamamos “Moda” y “Complementos” fuesen las primeras manifestaciones artísticas practicadas por el ser humano.

Desde hace millones de años hay una criatura pequeña, zumbona y más molesta que un inspector de hacienda: el mosquito. Hoy, a pesar de los insecticidas, repelentes y mil cosas más, no nos libramos de sus picaduras, que además de picar un montón, pueden trasmitir enfermedades que muchas veces son mortales. Los hombres prehistóricos no tenían nada de todo eso, salvo algunas plantas repelentes como la lavanda, la citronela, melisa… y mucha arcilla. Seguramente, se embardunaban la cara y partes del cuerpo que no cubría las pieles con que se vestían con arcilla; una práctica que aún hacen los elefantes y otros muchos animales. Lo hacían los indios americanos, cuando llegó el hombre blanco a sus tierras. Fueron llamados “pieles rojas” no porque sus pieles son rojas, sino que se protegían de los mosquitos con arcilla roja. De embadurnarse con arcilla a lo bestia a trazar alguna línea, tal vez un círculo, embellecer los ojos con alguna sombra, buscar arcillas de distintos colores para crear más belleza… solo hay un paso que el hombre del Neandertal debió desarrollar o ya lo heredó de sus antepasados.

Mano pintada
cueva de Maltravieso, Cáceres

Junto con el maquillaje debieron adornar el cuerpo con conchas, huesos, plumas…Son muchos los yacimientos donde se han encontrado huesos perforados, conchas para formar collares, pulseras… Y claro, debió combinar colores, formas en el vestir, inventando lo que hoy conocemos como “Moda” y “Complementos”. El hombre de Neandertal nos dejó las primeras pinturas en cuevas, como en la cueva de Maltravies (Cáceres) Ardales (Málaga) o La Pasiega, en Cantabria. Ya coleccionaba conchas, fósiles, minerales o rocas raras. Enterraba sus muertos de forma intencionada y con numerosas ofrendas, lo que nos dice que ya tenía una preocupación hacía lo que hay más allá de la muerte. Todo esto, y algunas cosas más que desconocemos, lo heredamos del Neandertal. Se sabe que las dos razas intimidaron hasta el punto que tenemos segmentos de Neandertal en nuestro ADN, con trazos tan visibles como son los cabellos rubios y pelirrojos, y los ojos azules. Si se conocieron lo bastante para tener hijos, el intercambio cultural entre las dos especies debió ser muy intenso.

Hace unos 75.000 años, un volcán llamado Toba, en Indonesia,  entró en erupción, y fue una erupción de las gordas. El invierno nuclear que provocó creó un cambio climático a escala mundial que casi extingue la raza humana. Los neandertales ya habitaban en Eurasia, no les extinguió, pero estuvo cerca. Esta erupción creó las condiciones necesarias en África para que surgiera una nueva especie humana: el hombre de Cromañón que muy pronto salió de África, invadiendo territorio neandertal. Como ya hemos mencionado, las dos razas humanas se conocieron, intimidaron pero compitieron por el espacio y los recursos naturales. Ganó el Cromañón y el Neandertal se extinguió.

Cromañón era como nosotros, si dejamos de lado algunas pequeñas diferencias que no vienen al caso. Su cerebro ya era tan poderoso como el nuestro, y sus manos, tan hábiles como las nuestras. Podía hacer de todo, y lo hizo. Entre unas cosas y otras, inauguró una nueva etapa de la historia de la humanidad: el Paleolítico Superior. Fue en este periodo cuando nuestra especie empezó a ser como es. Con el Cromañón, empezó el Arte con mayúscula.

J.B.

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